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martes, 10 de septiembre de 2013

Eterna

Eterna




Me desperté muy temprano,
aturdido por el silencio del sábado.
Afuera siento las gotas,
disolverse en la marquesina de chapa.
Abro los ojos.
Todavía estás ahí, dando vueltas en mi cabeza.
¿Habría sido verdad?
La intensidad hace borrosa
la delgada línea entre lo real y lo abstracto.
En el fondo escucho el silbato.
Pero no quiero salir de la cama.
Tengo miedo.
Miedo que se termine.
Me fuerzo a cerrar los ojos,
 y estás ahí de nuevo,
Difusa.
No hablás, sólo mirás prolijamente.
Intento abrazarte, pero a penas te siento.
Me pregunto conmovido,
¿qué se esconde detrás de ella,
que ni siquiera la lluvia
tiene caricias tan suaves?
El tren ya se va,
pero no quiero irme.
Sé que me aleja.
Junto coraje,
y hago un último intento por abrir los ojos,
Pero oh sorpresa,
Ya los tenía abiertos!
Y todavía seguís ahí,
real, eterna.


Podes escuchar este poema aquí

sábado, 24 de agosto de 2013

Mercedes



Mercedes.
No sé qué hay en tu interior
que me llama cada tanto.
¿Será la fría nostalgia de tus calles de tierra,
el humo peregrino de una fábrica cerrada,
el lejano recuerdo de la ingenuidad adolecente?
¿Será la excusa mínima para huir de tus garras,
las tardes sin final en una vieja bicicleta?
¿Los secretos no contados de mi familia reservada,
mis hermanos, mis amigos,
las mentiras de mi padre o
los silencios de mi madre?
La ciudad crece,
la gente se llena de chatarra,
de sueños cortos,
de miradas bajas.
Hay una respuesta debajo de una piedra,
que quizás esté en un arroyo,
en un camino,
o en un viejo durmiente del Belgrano G.
Lo busco y no lo encuentro.
Todo en la ciudad de mi infancia me es ajeno,
me siento incómodo.
Pienso una y mil veces antes de ir,
aunque este viernes, confundido y engañado,
ya estoy en camino.
Veo tus calles desde la hendija abierta de un furgón oxidado.
Mercedes lejana, otra vez.
Otra vez no sé si lo encontraré.
Otra vez no sé a dónde me lleva este tren;
pero querida Mercedes
quiero ser yo quien llegue.